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Crisis vitales

La vida, como su nombre indica, es viva, y ni se puede predecir, ni pretender que permanezca estática. De la misma forma que hay numerosos acontecimientos gratificantes, hay algunas de esas situaciones que pueden generar una crisis personal o familia...

Crisis vitalesLa vida, como su nombre indica, es viva, y ni se puede predecir, ni pretender que permanezca estática. De la misma forma que hay numerosos acontecimientos gratificantes, hay algunas de esas situaciones que pueden generar una crisis personal o familiar, que conllevan un sentimiento de desbordamiento, y a menudo la sensación de incapacidad de poder afrontarlo.

De esas crisis vitales, esperables o no, hay algunas que pueden ser generadas por situaciones traumáticas específicas, de mayor o menor intensidad y que pueden desbordar a la persona:

  • Ruptura de pareja
  • Accidentes
  • Fallecimiento de personas queridas
  • Pérdidas de trabajo bruscas
  • Enfermedades graves; operaciones y tratamientos a largo plazo
  • Exposiciones a situaciones de violencia

Otras, que implican pequeñas crisis, pero que pueden generar malestar y estrés:

  • Convivencia en pareja
  • Llegada del primer hijo
  • Adolescencia
  • Nuevas parejas
  • Vejez de los padres

Hay otros hechos estresantes que son mantenidos en el tiempo y que deterioran gravemente a la persona, y que en numerosas ocasiones al estar inmerso en el problema, los que la padecen no se percatan del deterioro grave que están viviendo y de cómo éste les afecta.

  • Bulling
  • Mobbing
  • Violencia en la pareja continuada
  • Estrés laboral
  • Adicción de un familiar (ludopatía, alcoholismo, drogadicción…)

Tratamiento de personas con crisis vitales

En Alejandra Luengo tratamos de acompañar a la persona para afrontar de la mejor manera esa situación que está viviendo. Eso no se hace pretendiendo cambiar el acontecimiento que se está dando, porque a menudo es inviable modificarlo, o todavía no es el momento para hacerlo. Se trata entonces de poder trabajar de forma individual o conjunta para cambiar la forma de enfrentar esa situación que permita a la persona sentirse mejor.

A través del reconocimiento de la situación y de la adquisición de estrategias y destrezas, se favorece que la persona pueda vivir esas crisis vitales de la manera menos perjudicial posible para sí misma y los demás.

Las intervenciones se pueden realizar de forma individual, de pareja y/o familiar, combinándose de diferentes formas según lo que se necesita.